Nikiforos Vretakos
se parecen a la bondadosa mirada de los caballos
se parecen al peso del alba sobre las margaritas
se parecen al peso de la esperanza sobre el corazón
se parecen a la apacible lluvia sobre las abnegadas ovejas.
Yannis Ritsos

MAÑANA
Ella abrió los postigos. Colgó las sábanas sobre el
alféizar de la ventana. Descubrió el día.
Un pájaro la miró directamente a los ojos."Estoy sola", murmuró.
"Estoy viva". Entro en la habitación. También el espejo es una ventana. Si salto desde él caería en mis propios brazos
Safo
...alrededor el agua
fresca... murmura en las ramas
de los manzanos, y del follaje que tiembla
se desliza un suave sueño.
(Fragmentos de Safo
traducción Carlos Sotomayor)
Kiki Dimoulá
Estoy protegido, dijo el caos a los constructores.
Por dentro, todo tiene que seguir igual.
Solo permitiré pequeños cambios en la fachada.
En el principio apareció el ayer. Sin una pausa
en cuanto la intuición gritó
anticipando la visión del primer día creado: Cielos
eres tan insuficiente.
No bastas para llenar
la soledad de una persona sola.
La argamasa se inquieta. Qué ha fallado?
En los planos el día parecía interminable.
Yo mismo pude ver cargado de tierra y de ladrillos
un sospechoso camión color naranja.
El trabajo sucio del ocaso?
No aparece el constructor por parte alguna.
Invocamos el placer de decorar de forma urgente.
Experto en expandir el tiempo
como los espejos hacen con los pequeños espacios.
La desilusión surgió de esa manera.
disfrazada de Edén:
Aguas bajistas, corrientes tocadoras de guitarras
encima, la cúpula con el azul normal,
el típico atuendo planchado.
Aldeas, pequeños pueblos, lugares de descanso para los trinos,
arriba en las subidas del columpio
abajo huertos frutas serpentinas
redomas que hipnotizan manzanas envenenadas
cigarras que viven las cuatro estaciones que supongo más cálidas -no sé
cuando llegué hacía frío.
Gotas de rocío equilibristas
en hojas diminutas
figuras de una danza cosaca las amapolas
el ensueño que se permite sorber
efervescentes ruiseñores con una pajita
uno tras otro
la vergüenza con una hoja de higuera
roja-brillante clavada en una hendidura en el costado
bailando con una palabra emigrante que añora su tierra
y la obediencia hilvanada en la misma costura que
el engaño
disfrazada también de paraíso.
El primer concurso de belleza.
La eternidad fue elegida Miss Universo.
Ella no estaba presente.
Y surgió de nuevo el ayer.
No exactamente como el anterior.
Ilustrado un poco más tarde
con fotografías.
Sin aliento cayó la permanencia.
Pensaron que estaba dormida.
Le dieron palmadas, arrojaron cubos de besos sobre ella.
Para nada.
Solo la noche interminable.
Se oyó entonces el primer sollozo bípedo.
la manzana lo había mordido.
Dónde estaban los primeros auxilios de los sueños.
De verdad no tenían preferencia?
Un error. Cada soberbia aventura de la argamasa
moldea al principio sus camilleros.
El mañana apareció todo deprisa.
pero era ya, con mucho, demasiado tarde.
Constantino Cavafis
En medio del temor y las sospechas,
con espíritu agitado y ojos de pavor,
nos consumimos y planeamos cómo hacer
para evitar el seguro
peligro que así terriblemente nos amenaza.
Y sin embargo estamos equivocados, ése no está en nuestro camino:
falsos eran los mensajes
(o no los escuchamos, o no los entendimos bien).
Otra catástrofe, que no la imaginábamos,
repentina, violenta cae sobre nosotros
y no preparados -de dónde tiempo ya- nos arrebata.
Constantino Cavafis
Yorgos Seferis

El papel blanco duro espejo
sólo devuelve eso que fuiste.
El papel blanco habla con tu voz,
tu propia voz, no aquélla que te gusta,
tu música en la vida esa que derrochaste.
Puede que no vuelvas a ganar si lo deseas,
si te clavas a esa cosa indiferente que te lanza atrás
ahí dónde empezaste. Viajaste, muchas lunas viste,
muchos soles, tocaste muertos y vivos, sentiste el dolor
del bravo mozo y el gemido de la mujer,
la amargura del niño inmaduro,
cuanto has sentido se derrumba sin sustento si a este vacío no te fías.
Quizás ahí encuentres cuanto creíste perdido, el brote de la juventud,
el justo naufragio de la edad. Tu vida en cuanto diste,
este vacío es cuanto diste,
el blanco papel
Constantino Cavafis
pero cuando llega la noche, con sus consejos,
tentaciones y promesas...
Cuando viene a noche, con sus instintos,
deseando, buscando...
accede sonriente a su acostumbrado placer.
Yorgos Seferis
Que nuestros ojos no vieron nada, salvo más allá
Y detrás de la memoria como la tela blanca donde una
noche
en un cerrado vimos visiones extrañas, más extrañas
que tú
pasar y perderse en el inmóvil follaje de un pimiento
Hemos conocido tanto éste nuestro destino
Yendo y viniendo entre piedras rotas, tres o seis mil años
Buscando en edificios desmoronados que acaso fueron
nuestra casa.
Tratando de recordad fechas y hechos heroicos
¿Podremos?
Hemos estado ligados y nos dispersamos
Y luchamos con obstáculos inexistentes según decían
perdidos, volviendo a encontrar un camino lleno de
regimientos ciegos,
hundiéndonos en los pantanos y en el lago de Maratón
¿podremos morir de una muerte normal?
Constantino Cavafis

Desde las nueve cuando encendí la lámpara
me senté aquí, sin leer,
sin hablar.
¿Con quién podría hablar solo en esta casa?
Desde las nueve cuando encendí la lámpara,
la imagen de mi joven cuerpo me persigue
recordándome cuartos cerrados y perfumados
de placeres extintos, atrevidos goces.
También trajo mi memoria calles ahora irreconocibles.
llenas de movimiento y ahora cerradas,
teatros y cafés que ya no existen.
La imagen de mi joven cuerpo apareció
y me trajo tambinén recuerdos tristes,
congojas familiares, separaciones,
afectos de mi gente, distanciamientos,
recuerdos de los muertos poco amados
Doce y media, ¡cómo vuela el tiempo!
Doce y media, ¡cómo pasan los años!
Nikiforos Vretakos.
TRANSMUTACIÓN
Me vuelvo poesía, huyo del mundo,
me reparto
voy
hacia afligidos hermanos. A quedarme en casas
donde no entra el sol
Kiki Dimoulá
Colina de Filopapo
Nunca estuvimos aquí.
La colina no te conoce.
Tu paso no quedó marcado
en ninguna pequeña subida
ni en las suaves bajadas
suena la risa de tu premura.
Tampoco estás inscrito
en las verdes palabras de amor:
en las hojas carnosas de los cactos.
Llenas están de pequeñas cuchilladas de nombres
que no llegan a profundidad
y cierran fácilmente,
Elsi – Dimitris
y flecha.
Y más nombres que pasaron
con una pena duradera.
En la mayoría
el guión de unión entre ellos
ya se ha encorado, se ha borrado.
Y se desconectó el entonces.
Soplan juramentos detrás de las matas
y piedras resbalan.
Amores que suben,
amores que deslizan.
La tarde siente
una apatía fragante
y todo lo que es tristeza
parece sosiego de follaje.
Los cuerpos de los perfumes
con pesadez abren y cierran sus alas,
con pesadez ignoran:
ninguno huele a desaparición.
¿Dónde estás?
Algo apena a las adelfas amargas
más que su nombre.
¿Dónde estás?
Pero nunca estuvimos aquí.
La colina no te conoce.
Pues me ahorro las asociaciones.
Y así puedo quedar
a la altura de una neutralidad contempladora
para gozar sin molestias
ese ocaso canalla.
Nikiforos Vretakos.
Todo termina alguna vez: turbios
ríos y noches. Basta que puedas
salvar al fin tu alma, como
la madre salva al hijo
atravesando
un
mar o un incendio.
Athos Dimulá
Heráclito
Nuestros sentidos rompen el mundo
En pedazos. Al combinarlos, componemos
Con ellos muchos otros mundos
Sucesivos. Y esos fragmentos se trasladan continuamente de un mundo al otro,
Circulando en una corriente que,
“más allá de los sentidos”, tal vez
representa el mundo real.
Constantino Cavafis
La experiencia de los años me lo ha demostrado.
El destino puso un fin abrupto.
Fue breve ese tiempo
pero qué fuertes sus perfumes
y en qué cama esplendida estuvimos.
Y qué sensualidad dimos a nuestros cuerpos.
Un eco de los días sensuales volvió,
algo del fuego juvenil que comparimos.
Tomé de nuevo una carta entre mis manos,
y leí y releí hasta que la luz se fue.
Melancólico salí al balcon
para olvidar mis pensamientos, por lo menos,
viendo la ciudad que amaba,
un poco de movimientos en la calles y en las tiendas.
Constantino Cavafis
Los días futuros se yerguen ante nosotro
como una hilera de pequeñas velas encendidas,
ilminadas, tibias, vivas.
Quedan atrás los días pasados:
una triste línea de velas consumidas;
aún humean las más cercanas.
Velas frías, derretidas, deformes.
No las quiero ver, me entristecen sus formas
y me aflije el recuerdo de su primera luz.
Veo hacia adelante, a mis velas encendidas.
No quiero tornar al pasado,
no quiero estremecerme al verlo.
Qué rapido se alarga la línea sombría;
cuán pronto se multiplican las velas extintas.
Constanino Cavafis

Murallas
Sin consideración, sin lástima, sin pena
me encerraron en altas y sólidas murallas.
Ahora estoy sentado aquí sin esperanza.
No pienso en nada más. No hay esperanza.
No pienso en nada más; a mi alma la devoró la suerte.
¡Eran tantas las cosas que pude hacer afuera!
¿Por qué no me di cuenta cuando levantaron las murallas?
Nunca escuché los albañiles, nunca un ruido...
Imperceptiblemente me encerraron fuera del mundo.
Constanino Cavafis

Regresa
Regresa con frecuencia y tómame,
amada sensación; regresa y tómame.
Cuando despierte el recuerdo de mi cuerpo,
y el antiguo deseo me recorra la sangre,
cuando los labios y la piel recuerden
y sienta aquellas manos que aún me tocan,
regresa con frecuencia, y tómame en la noche
cuando los labios y la piel recuerdan.
