Antonio Gamoneda
a los cuchillos industriales y los caballos inmóviles
en las tristeza;
después, la cal, su luz en los ancianos, y grandes grietas
habitadas por lamentos
Chantal Maillard
los ojos. Sin abrirlos. Alo
despierta. O le decimos despertar
a eso que ocurre. La conciencia de una
continuidad. La conciencia que es
esa continuidad.
Algo despierta y mira dentro
(el dentro de la superficie, que
no es un dentro sino un debajo, como
el forro de un abrigo), buscando algo
en lo que anclarse. Un tema, busca
un tema. Para
sobrevivir. -¿Sobrevivir?
Decidme, ¿quién o qué
sobrevive?- Volver al tema.
En el tema el mí se reconoce
porque algua parte suya
es afectada y se conmueve.
Como cuando las lágrimas. Por la imagen.
A la mente le gustan las
imágenes. Con ellas, teje.
Y el tejido hace mundo o lo refuerza,
o hace consistente.
En la orilla del sueño alo, un aliento
que vibra, insiste en las mismas pautas.
Y se hace sólido. Y dice yo.
Y el mí adviene, de nuevo, creyéndose,
creyéndome ahora lo que escribo
Para no perderme. No aún.
No tanto. No tan aún tantas veces.
Para no deshacerme. Para
sobrevivir pero.
Porque no está claro. Por el peso.
El mí contiene demasiadas
lágrimas Aunque. El lastre fuerza
a abandonar el texto y condenarse
en los márgenes. Y es bueno -¿bueno?-. Es
adecuado. En fin, no es, de ninguna
manera. Sólo hay lastre. Y hay Aún.
Hay demasiado Aún para perderse
del todo.
Juan Antonio González Iglesias
Este es mi cuerpo
Me tocas con los ojos cuando lees
un suspiro, unas ganas en las sílabas
que traducen las sílabas del cuerpo.
Soy yo el que te acaricia, no las letras
que sólo son la senda que camino.
En este mismo instante te acaricio,
te beso con cuidado. Lentamente,
como en todos los comienzos, por los labios,
por la sed, por los ángulos del agua.
Soy yo. No es un poema. No es un verso.
Son mis manos. Trasladan su impaciencia
al desorden de un cuerpo en otro cuerpo.
Precisamente el orden más perfecto
es la aceleración que descompone
los poros y los abre, los asombra
con la urgencia de otros poros, los seduce
con la boca, los graba en los sentidos,
y luego los escribe y te acarician.
Soy yo. Mi sed, el hambre de un poema.
Elena Medel
Oficio de poeta
Si yo fuera, de verdad, poeta, susurraría que el imperio de los zares es mi patria, y lo haría con tres horas de sueño y cuarenta de trabajo a mis espaldas. Mangas allá donde los muslos empiezan a definir mi edad y mis aficiones. Puños de encaje. Mis zapatos sobre mi vestido, tan hermoso (los hermanos Rossetti vuelven a estar de moda). El poder. Hablaría de árboles, gritaría oh, mi señor con los ojos en blanco, tocaría mi cabeza con un sombrero, un rayo de colores me cruzaría la frente: mi vida consagrada a la Creación.
Todo eso ocurriría si yo fuera, de verdad, poeta.
Pero no distingo entre lágrima y jazmín. De hecho, extremo mis precauciones al tratar con el mundo de la conjunción adversativa. Jamás falto a mis revisiones médicas. Adoro las burbujas y el azúcar. Aspiro al matrimonio. Descanso los domingos y festivos; al despertar me gusta tocar el cabecero de la cama con la punta de los dedos.
En más de una ocasión me pregunto qué hago aquí.
Elena Medel
Tú dejaste inhabitada la isla que me flota entre los muslos:
hoy mi
propio
mástil
carnívoro me destroza por dentro. Ha comenzado el banquete
se retuerce
órbita azul
y en llamas
descubro famélicos los astros. Sé que soy el centro del mundo
y mi diadema besa el suelo, mientras yo imagino que mi útero estalla,
que las paredes de mi entraña se envuelven con pequeñas gelatinas
qué desgracia mía o regocijo tuyo me abocan a esta urgencia
tan convulsa
de palabras estándar
Alejandra Vanessa
Der Deutschelehrer
La primera vez que lo vi estaba en la judería
me miró desde su camiseta- a veces ángel,
a veces diablo- y le guiñé el ojo izquierdo
justo antes de tropezar con una nube.
sentí morirme mientras recogía los pedacitos
de pan caídos de mis pestañas.
quise decirle mis nombres y mis defectos, mis poetas,
mis mil besos con tacto a carta, a sobre cerrado,
quise decirle el color de mis calcetines.
después de aquel día no supe mucho más de él
quizás se haya mudado de escaparate- pensé.
Quizás se haya casado con rita hayworth.
quizás.
Quizás, quizás, quizás es que los martes llega tarde al trabajo
Elena Medel
entre su ombligo y la autopista.
Confió en la ruta de mordiscos de su espalda
¿Me anochece para siempre esta señal?