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Jacques Roubaud

Una lógica

Una especie de lógica para la cual tú hubieras construido
un sentido yo una sintaxis, un modelo, cálculos

El mundo de uno solo, pero que hubiera sido dos: no un solipsismo,
un biipsismo

El número uno, pero como movido en un espejo, en dos espejos puestos cara a cara

El orden en el mundo, pero con dos comienzos

Diferentes, inseparables

Una primera distancia, pero a la que no hubiera podido
fragmentar una mirada exterior, una medida de esa distancia,
pero que no hubiera podido tomarse sin falsear el sistema del doble:
un axioma de incertidumbre

En ese mundo, si hubiera podido pensarse, el pensamiento del otro, siempre, hubiera sido el pensamiento del "otro de dos"

El pensamiento del exterior, en ese mundo, el nuestro entonces,
hubiera sido el de cosas revelándose a una conciencia alterna, de la que sólo hubieran existido realmente las percepciones, útopicamente unidas, tuyas y mías, en el interior de la isla del dos:

El frigorífico, el horno, las luces decayendo, los gritos y los ruidos, niños, sin hostilidad, rumores, entre nosotros la mesa, pensamiento, de la cocina.

Jacques Roubaud

cuatro [GO 68]


quien mira las dos mitades de la cáscara
verá cómo las bocas se acercan al espejo
intermedio de la boca de las tinieblas con rosas
la boca de los amantes sobre el cristal en harapos
pero la rosa de la noche sólo ve oscuridad
redondeada sobre el susurro de las cosas
la boca del amante no toca sino boca
de la amada por este espejo pasan los ojos
que contemplan las dos mitades transparentes
del microcosmos hundido en los más vasto
en la variedad el tiempo allí nada se esconde
todo tiende es el camino donde marchan las plantas
ha llegado la noche a sus planicies frías
renuncia con sus gritos unánimes, se poca



Jacques Roubaud

o [GO 119]


Soy un cangrejo puntual soy un mensajero sin suceso mi campo
está vacío puro barrido de la menor estrella he tapado con
terciopelo la masa abombada del ojo este instrumento no detallará ya
sino su polvo

yo no arriesgo silencios no opngo sino palabras planas como cristales
lavados por las lluvias me complace el atardecer tengo indulgencia
con el alba nunca hay nada que leer en mi mano

contando granos de arroz sobre la mesa de una cocina he asegurado
mi santidad una vida de perfección contempla mil veces la misma
fuente que se rompe

a partir de mí el tiempo se disciplina cómo decía yo todavía hay
un río sensible al frío una isla con lagos y aborígenes cómo

Jacques Roubaud

o [GO 133]


Pertenezco al nervio de las calles a las murenas a los jeroglíficos
a la corteza del otoño a la locuacidad de los esmaltes al don de
sí a la avaricia a la grandeza en pequeño claro moderadamente al
revés ( por siglos minutos horas por nada por un punto amarillo en la
claridad)