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Elena Medel

Oficio de poeta

Si yo fuera, de verdad, poeta, susurraría que el imperio de los zares es mi patria, y lo haría con tres horas de sueño y cuarenta de trabajo a mis espaldas. Mangas allá donde los muslos empiezan a definir mi edad y mis aficiones. Puños de encaje. Mis zapatos sobre mi vestido, tan hermoso (los hermanos Rossetti vuelven a estar de moda). El poder. Hablaría de árboles, gritaría oh, mi señor con los ojos en blanco, tocaría mi cabeza con un sombrero, un rayo de colores me cruzaría la frente: mi vida consagrada a la Creación.

Todo eso ocurriría si yo fuera, de verdad, poeta.

Pero no distingo entre lágrima y jazmín. De hecho, extremo mis precauciones al tratar con el mundo de la conjunción adversativa. Jamás falto a mis revisiones médicas. Adoro las burbujas y el azúcar. Aspiro al matrimonio. Descanso los domingos y festivos; al despertar me gusta tocar el cabecero de la cama con la punta de los dedos.

En más de una ocasión me pregunto qué hago aquí.

Elena Medel

Tú dejaste inhabitada la isla que me flota entre los muslos:
hoy mi
propio
mástil
carnívoro me destroza por dentro. Ha comenzado el banquete
se retuerce
órbita azul
y en llamas
descubro famélicos los astros. Sé que soy el centro del mundo
y mi diadema besa el suelo, mientras yo imagino que mi útero estalla,
que las paredes de mi entraña se envuelven con pequeñas gelatinas
qué desgracia mía o regocijo tuyo me abocan a esta urgencia
tan convulsa
de palabras estándar

Elena Medel

L' Amour est bleu

Cuatro pasos de agua son frontera
entre su ombligo y la autopista.
Confió en la ruta de mordiscos de su espalda

¿Me anochece para siempre esta señal?
¿o es brújula de luz para la tarde?