Osip Mandelstam

Moriremos en la diáfana Petrópolis,
donde sobre nosotros gobierna Proserpina
Bebemos, en cada respiro, el aire mortal,
La muerte nos acecha a cada instante.

Oh, diosa del mar, Atenea terrible:
Retira tu yelmo de piedra poderoso,
Moriremos en la diáfana Petrópolis
donde ya no reinas tú, sí Proserpina



1916

Safo


...alrededor el agua

fresca... murmura en las ramas

de los manzanos, y del follaje que tiembla

se desliza un suave sueño.


(Fragmentos de Safo

traducción Carlos Sotomayor)

Cesare Pavese

TRABAJAR CANSA

Atravesar una calle para escapar de casa
puede hacerlo un muchacho, pero este hombre que anda
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.
Hay tardes de verano
en que hasta las plazas se vacían, tendidas
bajo el sol declinante, y este hombre que llega
a una alameda de inútiles hierbas, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Caminar por caminar; las plazas y las calles
están solas. Es preciso detener a una mujer,
hablarle y persuadirla de vivir juntos.
De no ser así, uno habla a solas. Es por esto que a veces
el borracho nocturno comienza a farfullar
y relata los proyectos de toda la vida.
No es verdad que esperando en la plaza desierta
el encuentro se dé con alguno; pero quien va por las calles
se detiene de vez en cuando. Si fueran dos,
aun andando en las calles, la casa estaría
donde aquella mujer y valdría la pena.
En la noche, la plaza vuelve a quedarse vacía
y este hombre, que pasa sin mirar las casas
entre inútiles luces, ya no levanta sus ojos:
sólo mira el empedrado hecho por otros hombres
de manos endurecidas, como las suyas.
No es justo quedarse en la plaza desierta.
Es seguro que existe esa mujer en la calle
que, rogándoselo, quisiera consolar esa casa.

Ezra Pound

Un objeto

Esta cosa, que tuvo un nombre y no un corazón
ha adquirido familiaridad donde pudo haber afecto,
y nada ahora
disturba sus reflexiones.

Haiku


Si a la luna
se hincase un mango
¡qué buen abanico!

Sookan

***

Para conocer la flor del ciruelo
tanto el propio corazón
como la propia nariz

Onitsura

***

Sobre la campana del templo
posada, brillando
¡una luciernaga!

Shiki

***

Elisa Andrade Buzzo

Carpe Diem

Ahoraré dinero
Compraré ropa cara
Comere camarón
Romperé mis dientes
Mentiré una que otra vez
Golpearé por placer
Seré infiel en sábanas blancas

Aceptaré comisiones
Comeré caviar
Ganaré billetes verdes
juego, dados rojos
Pagaré por vestidos
cada vez más vacíos

Cuantitativamente
acumularé arrobas
engulliré pece frágiles
con sereno aspecto,
discursos inflamados

Oprimiré un pájaro
contra mis manos duras
Cantaré como un bardo
falsas canciones de amor

Tomaré vitaminas
maquillaré arrugas, marcas
vida insípida

pañuelo sucio para retorcer
Ensuciaré camas vacías

Traicionándome a mí misma.


Kazuko Shiraishi

Pequeño Planeta

Este pequeño planeta empieza
a tener dolor de cabeza
Desde cuando lo ocuparon los humanos y
lo arrancaron de las manos de Dios
La sangre verde se seca, las venas de la tierra
se mustian
Las ballenas son arponeadas antes de que puedan
enviar cantando la Telepatía del Amor
Grandes moscas-con-turbinas-jet circundan la cabeza
del planeta y convierten el occidente
en una calavera
El planeta se precipita totalmente
hacia el siglo XXI
Mientras tanto los asesinos consagran
al Dios de la Ciencia
y alientan la carrera de las grandes armas
Pateando el globo en la cabeza y
pinchando su piel
Parece que la tierra no volverá a curarse,
Demasiados humanos ocupados frente al televisor
Y ninguno dice algo sobre salvar
el planeta
¿Atestiguará alguno sobre nuestro pequeño
planeta del Arca de Noé lanzado
al universo?
Sólo si son capaces de excavar una
Cápsula del Tiempo que se llama Futuro
París, 9 de diciembre de 1982

Jacques Roubaud

o [GO 119]


Soy un cangrejo puntual soy un mensajero sin suceso mi campo
está vacío puro barrido de la menor estrella he tapado con
terciopelo la masa abombada del ojo este instrumento no detallará ya
sino su polvo

yo no arriesgo silencios no opngo sino palabras planas como cristales
lavados por las lluvias me complace el atardecer tengo indulgencia
con el alba nunca hay nada que leer en mi mano

contando granos de arroz sobre la mesa de una cocina he asegurado
mi santidad una vida de perfección contempla mil veces la misma
fuente que se rompe

a partir de mí el tiempo se disciplina cómo decía yo todavía hay
un río sensible al frío una isla con lagos y aborígenes cómo

Kenneth Rexroth

Ella está ausente


Pase toda la noche despierto junto a ti.
Reclinado sobre el codo, contemplando tu rostro
dormido, ese rostro culla pureza nunca
cesa de asombrarme. No podia dormir, pero no
queria hacerlo ni lo necesitaba. Tu
cuerpo contra mi cuerpo yacia como un estrella
suave y calida. Cuantas noches me he
despertado y te he contemplado y en cuantos
lugares. ¿quién sabe? esta noche podria
ser la última. Como en tantas otras noches, he
bebido en tu carne la honda y apacible
comunion que no siempre tengo valor para tomar
de ti derpierta, la paz del amor. Luces
neblinosas se movian por el techo de nuestro cuarto,
tan parecido a otros de Francia e Italia,
cuartos de luna de miel, y comunicaban a tu rostro
un habla en permanente mudanza, la secreta
comunion del amor inexpresable. Conocí entonces,
mientras tu secreto hablaba, mi ser secreto,
el pajaro ciego, apenas visible en una infinta maraña
de mentiras. Y conocí la maraña tambien,
todos los lazos y todas las hebras, el oculto pajaro
invalido, la terrible maraña. Hacia el
amanecer, cuando empezaron a sonar camiones en las
calles, te moviste, me abrazaste y pronunciaste
mi nombre. Tu voz era la voz de una muchacha que nunca
habia conocido pérdida de amor, traición,
recelo ni mentira, y despues te volviste otra vez,
me cogiste la mano y la apretaste contra
tu cuerpo. Ahora se con certeza y para siempre
que, por mucho que haya yo empañado
tu amor de día, su recuerdo esta aún ahí. Y
conozco la maraña, la red, el pajaro ciego
e invalido. Pues entonces por un breve instante,
no estuvo ciego, ni atrapado ni invalido.
por espacio de un latido el corazon estuvo libre y
se movio. Oh, amor, yo, que estoy perdido
y condenado con las palabras, yo, para quien las
palabras son un oficio y un arte, no
tengo palabras. Éstas palabras, éste poema
son todo confusión e ignorancia, pero
se que, guiado por tu dulce corazón, mi corazón
latió libre en una oportunidad y envió
por todas mis entrañas la sangre de la verdad.